Historias, luces y una emisora errante

En el huerto del Parque Alcosa hay plantados dos tipos de intalaciones. Unas grandes, rojas, con inercia para moverse a gusto, zootrópicamente zootropas, pensadas para acercarse y poder meterte en sus historias. Otras más pequeñas, translúcidas, que querían ser generosas con la luz que daban y contaban narraciones más breves; su función era presentar las historias, animar a quienes estuviesen alrededor a que se acercasen y descubriesen qué había en el interior de las instalaciones.

Sobre esta parte visual había una capa sonora, la creada por David Cordero. Trabajar sin electricidad para difundir la música de un compositor electrónico era en principio una dificultad evidente. Una dificultad que de manera natural acabó transformándose en algo positivo: cambiamos un sistema de sonido central y potente, de los que se pueden ver en cualquier concierto, por una red sonora de emisores personales. Emitimos su música con la ayuda de una pequeña emisora FM, suficientemente pequeña como para que pudiese ser alimentada a baterías pero suficientemente potente como para cubrir la instalación.

La música de David, íntima, se oía a través de las pequeñas radios de quienes las hubiesen traído al huerto. Los que manejaban smartphones tenían que usar sus auriculares y desempolvar esa olvidada función de receptor de radio que se esconde en estos terminales. La banda sonora se transformaba así en una experiencia personal, del músico a cada visitante, cada uno decidía por su cuenta cuando quería sumergirse en el sonido de su música y dejar atrás, por un momento, el ruido del tráfico, los aviones, la avenida… la experiencia de la banda sonora pasaba a ser algo personal, íntimo.

Luego vinieron los días de visitas. Nosotros allí de vuelta, disfrutando aquello con más tranquilidad, paseándonos con la emisora y sus baterías a cuestas. Nuestra alegría fue que la mayor parte de los visitantes de esos días eran los propios hortelanos que, al ver que estábamos allí, se acercaban con ganas de saber más del proyecto, de compartir sus ideas, de saber cómo se había hecho y transmitirnos su cariño por esos extraños aparatos que habían salido en su huerto.

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Oh Let!

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