Keep the lights on

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La cita en los huertos de la Vega de Triana, considerada al principio de este proceso una parte principal del mismo, sin duda ha acabado convirtiéndose en un hito clave de nuestro paso por este espacio. Sin embargo, ya no puede entenderse sino íntimamente ligada a todos los hallazgos realizados por el camino, que han sido muchos y muy positivos. De esta manera, la tarde del día 20 de diciembre se convirtió en la celebración de esa experiencia vivida durante casi cuatro meses en los huertos.

Un centenar de personas se dieron cita en los huertos al anochecer para compartir este espacio y la danza y la música fueron el hilo conductor de este encuentro. El evento se desarrolló entre la alegría de sentirnos acompañados y la emoción de reunirnos a la vez con todos los agentes que han formado parte de esta intervención. Juntos por primera vez en los huertos estuvieron los hortelanos (Carmen, Gabi, Isa, Antonio, Miguel,…), los representantes de las AMPAS (Rosalía, Pepe, Isidoro, Mari Carmen…), los chicos de Fab Lab (José, Jesús…), los chicos del Aula de Cultura de Arquitectura (Irene, Juan…), el equipo de comunicación (Javi, Julia, Juanma…), el de producción (Toni, Miguel…), los comisarios de Nomad Garden (Fran, Salas y Sergio), el delegado de Hábitat Urbano del Ayuntamiento de Sevilla y, por supuesto, el equipo creativo: la artista plástica Anna Jonsson, Rocío Guzmán y Eloisa Cantón a cargo del universo sonoro de los huertos, María Cabeza de Vaca vinculando su movimiento a este espacio y Fran Pérez anunciando las distintas etapas del evento. Echamos de menos a los chicos de Estudio Pepino, cuyos bancos ya son parte del paisaje de los huertos de la Vega de Triana. Además de todos nosotros, muchos amigos se acercaron para acompañarnos, siendo los más pequeños una parte esencial de la comunidad ese día.

Fue una tarde especial en la que nos pasaron muchas cosas, pero pasaron demasiado rápido. A la alegría por la apertura de la calle que comunica directamente con los huertos, le sucedió el asombro por el éxito de la convocatoria. El sombrero de Anna Jonsson en procesión guiaba a los presentes hasta el punto de la primera pieza, entonces los niños construyeron su espacio de acción hasta que Elo, María y Rocío, aparecieron en lo alto de la loma avisando con cuernos de caza justo cuando el sol había desaparecido y el cielo se ponía rosa. Los cuernos, el banco “estaribel”, la danza entre bombillas y el villancico compuesto por Rocío y Elo para los huertos fueron los protagonistas de esta primera parte, tras la cual, los asistentes se dirigieron al interior del huerto, de nuevo precedidos por el sobrero de Anna.

En el interior del huerto se hizo entrega de las coronas de luz y, mientras los adultos se familiarizaban con el mecanismo, los niños intercambiaban las coronas que habían decorado unos días antes porque todos empezaban a entender que las coronas eran de todos y que ellos mismos formaban parte de esa comunidad.

Equipados con las coronas de luz, todos nos dirigimos en un silencio no planificado hasta uno de los huertos de la entrada donde todas las luces rojas permitieron iluminar un momento mágico, Rocío interpretaba un cante de trilla. En este huerto, a la luz roja de las coronas, todo se concentró y parecía que los portadores de las coronas también habían ensayado durante semanas en los huertos. Tras la intervención de Rocío, el bodhran de Elo tomo el relevo y dio comienzo al movimiento de María dentro del huerto, vestida con una chaqueta que parecía hierba. Las luces pasaron de rojas a blancas para acompañar este movimiento y los niños volvieron a encender las suyas como se les había indicado y cuando nos dimos cuenta, el conjunto de los asistentes estaba iluminando intensamente la acción, de nuevo como si lo hubieran estado ensayando. Cuando el movimiento acabó, lo hizo con el sonido inesperado de unos tubos de goma que sorprendieron a todos antes de emprender un paseo más por el huerto a oscuras. De nuevo precedido por el sombrero de Anna, se inicio una procesión hacia el fondo del huerto, encabezada por una melodía interpretado por Elo a dos flautas. Tras ella, deshaciendo la oscuridad, se adivinaban los cuerpos coronados por cincuenta y siete luces. Al final del paseo, todos reunidos, se volvió a interpretar el villancico de la Vega de Triana, esta vez cantado por todos, antes de pasar al chocolate y el anís.

Lo que vino después fue una merienda nocturna en la que los hortelanos nos ofrecieron galletas, dulce de membrillo y dulces navideños. Una merienda entre amigos que se prolongó a pesar del frío, una merienda para celebrar lo generoso que había sido ese espacio con nosotros.

Al preguntar a uno de los hortelanos cúal había sido su impresión sobre el evento, nos comentó que en la parte del huerto, tras el cante de trilla, el bodhran y el movimiento de María, con el sonido de los tubos, le había ocurrido algo que le resultaba difícil de explicar, en su intento nos dijo: “Me he quedado tranquilo”.

Nosotros, después de estos meses, no sabemos si nos sentimos del todo tranquilos, lo que si sabemos es que nos sentimos profundamente agradecidos por todo lo que esta experiencia y las personas con las que la hemos compartido nos han dado. La familia de los huertos de la Vega de Triana es una familia afortunada.

Keep the lights on.

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