Visitas navideñas, tardes del huerto del rey moro y clausura de la instalación

…días antes de la inauguración del 23 de diciembre iba pensativo sobre la idea fundamental que queríamos transmitir con esta instalación de luces en época navideña.  La realidad es siempre tan compleja y presenta tantas capas. Como decía Cezanne la realidad es sucia y tiene hondura. Iba en coche a poca velocidad por la avenida de la Expo del apeadero del Ave, (Carlos V creo que se llama) y de repente la vista recayó en el césped artificial que recorre la isleta medianera que separa los carriles contrarios. En ella pautados cada 10 metros o así, árboles de no recuerdo qué especie se levantan firmes dejando caer sus hojas secas fragmentadas en pequeños trocitos planos como cuchillas de afeitar.

Si algo ha sido esta experiencia de las luces de Barrio ha sido un acercamiento al Otoño. Los tres meses que ha durado el desarrollo del trabajo, desde Octubre a Navidad, ha habido un acercamiento casi diario a los jardines del huerto y hemos podido observar los cambios de luz, de clima, la caída de las hojas. Algo a priori tan trivial, tan obvio y cuando se practica cada día, tan fresco, tan nuevo, tan renovador y repleto de matices.

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En esas estaba viendo las cuchillitas de hojas secas entremeterse entre los flecos sintéticos de césped artificial cuando de repente …una idea como una revelación …se me hizo clara en la cabeza (adoro cuando las ideas son fogonazos revelados surgidos no se bien de dónde).  La abundancia de la naturaleza es infinita, es inabordable. Cualquier esfuerzo humano, requiere una acumulación de energía que es incapaz de competir con la abundancia y derroche de fuerzas de la naturaleza.  Las mil cuchillitas eran la multiplicación de centenares de hojas de cada árbol y en su fragmentarse se multiplicaban más y más. Nosotros en cambio un mes antes del evento manejábamos cifras que nos preocupaban por inabordables: 200 farolillos de lata (1 hora por farillo), 50 lámparas de calabazas (2 o 3 horas por calabaza), 40 farolillos de tela…y así con todo.  Lo que nos parecía un número insuficiente (número de bombillas, metros de cable etc…) suponía enorme tiempo de montaje, mientras la naturaleza con su curso silencioso e imparable iba deshojando los árboles del huerto. No hay paciencia para contar el número de hojas de uno sólo de estos árboles….

El inmenso poder de la naturaleza, su abundancia infinita y su relación con la  contingencia humana son enseñanzas  que nos llevamos de esta experiencia y de algún modo explica la idea que subyace desde el principio en la intención de evidenciar el idilio entre el ser humano y lo natural.

Durante los días de la festividad navideña las puertas del huerto estuvieron abiertas. El día de la inauguración se dieron cita en él casi 200 personas entre visitantes y personas implicadas en la instalación. En los días posteriores la media fue de unos 70 personas por día.  Tuvimos la presencia de viajeros lejanos como fue el caso de Kimy Zhang de Shangai que nos ha dejado las mejores fotos hechas del evento junto con las del querido amigo Ignacio Ysasi o las del generoso colaborador Juan Duque de Oliva.  49 colaboradores e implicados, 16 grupos y entidades, 137 participantes en los talleres y más de 500 visitantes durante los días festivos. Cuestión de números. Nada que hacer con los números de la naturaleza.

Fue tal el placer de la apertura de la instalación que la clausura se prolongó una semana más después de las navidades y se dieron lo que llamamos las tardes del huerto del rey moro en las que el martes 10 de enero se hizo un concierto de santur, didgeridoo, canto armónico y flauta nativa norteamericana a cargo de Jose Manuel Ariza y el viernes 13 se hizo lectura de poemas a los pies de la higuera y posteriormente se pasó a proyectar una secuencia de diapositivas del proceso y el vídeo de los 13 años del huerto.

En la galería de arriba quedan las imágenes cedidas de alguno de estos visitantes.

A más de un mes de la llegada de la primavera, todavía arrecia el invierno.

Gracias a esta intervención, una infraestructura básica se quedará en el huerto del rey moro, habiendo quedado encantados con las lámparas de calabaza y con las esculturas de acero de Alex el escultor.

darío mateo.

Un artículo de

Darío Mateo e Hisabelia

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