Aquellas horas de la noche del 20 de diciembre

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Unas horas en las que organizadores, hortelanos, padres, madres, niños, niñas y diversos asistentes, convirtieron al huerto y sus múltiples accesorios en un ser vivo.

Lo sentimos como el nacimiento de un hijo, un hijo que se gestaba gracias a todos los implicados en el proceso del proyecto de Luces de Barrio. El día de la inauguración fue el día en el que pasó de ser un bebé a convertirse en un adulto, en tan sólo unas horas.

Unas horas en las que el ‘Estaribel’ de Estudio Pepino transformó y fue transformado. Unas horas en las que María Cabeza de Vaca nos regaló su movimiento, su sonrisa, su voz, su originalidad… su presencia. Unas horas en las que Rocío Guzmán y Eloisa Cantón cantaron y enseñaron a cantar a un centenar de personas en la oscuridad. Unas horas en las que Anna Jonsson fue responsable de adornar la cabeza más grande de todo el huerto. Unas horas en las que Fran Pérez se encargó de iluminar.

¡Y qué iluminación!

Como ya dijo Fran, una iluminación que alumbra donde tú miras y no una mirada que se dirige hacia donde existe una iluminación. Poco más hay que añadir a esta definición que hizo de la noche del 20 de diciembre de 2016 una noche muy especial.

Unas horas que se convirtieron en una noche. Una noche detrás de otra. Que se convertirán en todo el tiempo que viva el Huerto de la Vega de Triana y su recuerdo en todos los que disfrutamos de aquel festival de sensaciones de aquellas horas de la noche del 20 de diciembre de 2016.

Un artículo de

Aula de Cultura ETSAS

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