Se tomará un descanso el hortelano…

Se tomará un descanso el hortelano
Y entretendrán sus penas combatiendo
Por el salubre sol y el tiempo manso
EL RAYO QUE NO CESA

No creo que les descubra nada nuevo si les digo que las personas estamos indefectiblemente apegados a la tierra por mucho que nos empeñemos en conquistar el espacio aéreo. Escarbar en la tierra es instintivo en los humanos, hacer surcos es lo primero que se nos ocurre cuando tenemos un palo en la mano. Imitar, repetir, copiar lo que vemos a nuestro alrededor es innato a todos los primates, vamos que no hay nada más natural para un hombre o una mujer que tener un huerto donde reproducir y crear naturaleza.

Mi amigo Joaquín y yo, “naturalmente”, en cuanto hemos podido y nos lo ha permitido otro factor típicamente humano , el trabajo, solicitamos un terreno para canalizar nuestro instinto y en cuanto nos lo concedieron empezamos a trabajar la parcela número 8 de los Huertos Urbanos Municipales de San Jerónimo, gestionados por Susana Cuadros Olmo y Juan Cuesta de Ecologistas en Acción.

Para nosotros nuestra parcela es un “huerto de ocio” cuya función por lo tanto no es productiva sino de mero entretenimiento , de autoformación y autodesarrollo personal, lo que no significa que no disfrutemos de nuestras cosechas. Las ensaladas hechas con nuestras lechugas son inigualables. Ningún sabor es equiparable con el de nuestros tomates rosas, corazón de toro o raf. Los revueltos que hacemos con las berenjenas blancas, pimientos, calabacines, acelgas rojas, judías… son espectaculares. Estos placeres culinarios solo lo pueden entender Ricardo, Rafael, Quini, Elsa, Pura, Violeta , Tomás, Lolo… que trabajan en las distintas parcelas que conforman los Huertos del Parque de San Jerónimo , a orillas del Rio Grande y bajo la estatua rusa de Colón.

Ahora bien , seamos sinceros , no todo es tan idílico. Hay pequeños matices y diferencias entre huertos como el de nuestro vecino Antonio, limpio , exuberante, ordenado , espléndido, y el nuestro, un poco asalvajado, anárquico y “natural” como la vida misma, pero esa es otra historia.

Un artículo de

Dionisio López

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